Pantalla de inicio de Grooveshakr desde Alemania.
Rosalía Sánchez | Berlín
Acaba de cerrar en Alemania el portal de música en ‘streaming’ por excelencia en dicho país, Grooveshark, debido a las enormes presiones ejercidas por la organización encargada de gestionar los derechos de autor en este país, GEMA.
En el portal de Grooveshakr en Internet sólo puede leerse desde anoche, si uno accede desde Alemania, una nota explicativa en la que la empresa alude a los “costes de operación desproporcionados” que GEMA les dejaba el cierre como única opción, así como una invitación a enviar una protesta formal, como usuarios, junto a los datos de contacto de GEMA.
Grooveshark es un portal que imita el funcionamiento de YouTube y que permite el intercambio. La empresa ha colgado solamente 1.791 pistas de las 20.756 que tiene en su cartera.
Recientemente, había lanzado su nueva aplicación web HTML5, que permitía a los propietarios de ‘smartphones’ y tabletas acceder al servicio, lo que había multiplicado el número de usuarios. Y fue en ese momento cuando GEMA intensificó la presión.
Los creadores de Grooveshark asumen que han perdido esta batalla, pero no pierden la esperanza de ganar la guerra e invitan a los usuarios huérfanos a acudir a un portal similar y de reciente creación llamado Simfy, donde el acceso gratuito a los usuarios se limita a cinco horas por mes, y una cuenta ‘Premium’ cuesta cinco euros por mes.
Un último cartucho
Como último servicio a sus usuarios, Grooveshark les da instrucciones para bajarse la música que ellos mismos han subido y que se podía hasta ahora escuchar en ‘streaming’, para lo que proporciona un enlace en su sitio web por el que se accede a una herramienta de exportación.
A nadie escapa que, con la excusa de recuperar música aportada para compartir, se abre la puerta a la descarga de un número ilimitado de pistas sin pagar.
El cierre de Grooveshark ha sido toda una demostración de poder de GEMA, que representa a más de 60.000 artistas, compositores y editores, y protege a más de un millón de propietarios de derechos de autor en todo el mundo. Esta entidad se muestra especialmente activa en la creación de todo tipo de limitaciones en los servicios web.
En 2009, pidió a Google el pago de un canon de doce céntimos de euro por cada vídeo que fuera reproducido en YouTube. Google obviamente se negó, y desde entonces los usuarios alemanes no pueden acceder a la mayoría de vídeos, o lo hacen de forma muy limitada, hasta que GEMA obliga a retirarlos.

Enlace articulo original: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/19/navegante/1326976968.html

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