Las dos caras del profeta

Steve Jobs en San Francisco, en una imagen de 2004 | Efe
  • Su forma de ser y su obra han sido también criticadas en varias ocasiones.
  • Se le considera un líder autoritario, arrogante, narcisista y detallista.
  • A Apple se le critica su radical abrazo a los programas cerrados.
Pablo Romero | Madrid
La muerte de Steve Jobs ha provocado, como cabía esperar, multitud de reacciones prácticamente unánimes de homenaje y admiración en todo el planeta. No es para menos, teniendo en cuenta su capacidad única de trabajo, de visión de futuro y de gestión empresarial. El hombre se convirtió en personaje, en icono, en sinónimo de una de las compañías tecnológicas más veteranas y poderosas del mundo. No obstante, su forma de ser y su obra han sido también criticadas en varias ocasiones.
Jobs era un hombre brillante, dinámico, luchador y apasionado, un emprendedor nato rebosante de audacia y de talento. En palabras del propio presidente de EEUU, Barak Obama, fue “lo suficientemente valiente para pensar de modo diferente, lo suficientemente osado para creer que podría cambiar el mundo y con el talento necesario para conseguirlo”.
Obama: “Fue lo suficientemente valiente para pensar de modo diferente”
Mucho se ha hablado de su capacidad como visionario, su pasión por el diseño, su capacidad para ponerse en el lugar de los usuarios y crear productos bellos, deseables y extremadamente fáciles de usar.
Pero también era, según algunos biógrafos -especialmente Alan Deutschman-, un líder autoritario, arrogante, narcisista y extremadamente detallista, que exprimía a sus empleados y que estaba obsesionado con el control. Jobs era un hombre muy admirado, pero ciertamente también odiado por algunos.
Más allá de las críticas personales -lógicas si tenemos en cuenta la carismática personalidad que poseía Steve Jobs-, amplios sectores del mundo tecnológico han criticado su principal obra, Apple.
Donald Norman, ex ejecutivo de Apple y experto en diseño emocional y usabilidad, declaró a The Guardian que la compañía es “excelente para generar una fuerte reacción emocional positiva por parte de quienes utilizan sus productos”. Pero emociones tan fuertes pueden generar lo contrario.
Otras críticas se han centrado tradicionalmente en que los productos de Apple pueden ser más bonitos y atractivos, pero a menudo son más caros y carecen de algunas funciones que otros de la competencia tienen. Grandes expectativas pueden generar grandes decepciones. Eso no ha impedido éxitos como el del iPod, el iPhone o el iPad, productos controlados desde el principio hasta el más mínimo detalle por el propio Steve Jobs.
A contracorriente
En un revelador artículo publicado en 2008, la revista Wired se preguntaba cómo Apple podía conseguir que todo fuera bien haciendo todas las cosas mal o, mejor, dicho, al contrario que prácticamente todas las compañías de la competencia: control absoluto de ‘hardware’, ‘software’ y aplicaciones, y el abrazo radical a los programas cerrados y propietarios.
A Apple se le crítica el abrazo radical a los programas cerrados y propietarios
El tándem iPod e iPhone junto a iTunes es un ejemplo claro: juntos funcionan muy bien (un punto a favor para los usuarios medios que no ‘destripan’ dispositivos), pero sólo porque están íntimamente unidos y los primeros dependen del segundo para cargar música o vídeos. Esa ausencia de libertad, de apertura de sus productos, en un mundo cada vez más colaborativo y abierto, es otra de las críticas recurrentes.
Eso sin mencionar el absoluto secretismo que impera entre sus decenas de miles de trabajadores por contrato, algo común en Silicon Valley, pero que en el caso de Apple se radicaliza hasta el extremo. Paradójicamente, pese a ser una compañía casi completamente opaca para los medios de comunicación, es muy raro leer una crítica negativa contra Apple en ellos.
Otras críticas que ha recibido la compañía a lo largo de los últimos años pasan por cuestiones medioambientales (Apple enseguida abrazó un amplio programa de control y reciclado de sus productos que, como todos los generados por la industria tecnológica, son altamente contaminantes) e incluso por las condiciones de los trabajadores chinos que ensamblan sus productos (y prácticamente todos los demás productos tecnológicos de la competencia). Como dice el artista Mike Daisey en una columna en el diario The New York Times, “la magia del señor Jobs tiene sus costes”.
“Apple es más malévola y mucho más restrictiva que Microsoft, ya que limita incluso el derecho de ejecutar aplicaciones”
Pero quizá los mayores ataques han provenido del mundo del ‘software’ libre. Como mencionábamos antes, mientras la industria tecnológica se ha ido abriendo poco a poco a las ventajas del código abierto para atraer desarrolladores, gracias sobre todo a la generalización de Internet (incluso Microsoft ha terminado abriendo parte de sus códigos), Apple sigue apostando por el control absoluto de sus productos.
Y a la cabeza de estas críticas está Richard Stallman, creador de GNU y uno de los mayores -y más radicales- impulsores del ‘software’ libre. “Apple es más malévola y mucho más restrictiva que Microsoft, ya que limita incluso el derecho de ejecutar aplicaciones”, afirmó hace un año Stallman. “Apple crea esposas digitales, hace creer a la gente que es ‘cool’ por tener sus productos y realiza juegos de marketing para que no parezca malo lo que hace”. Incluso el día después de su defunción publicaba en su blog una breve entrada en la que de alguna manera se alegraba de la desaparición del personaje (no de la persona): “Nadie merece morir -ni Jobs, ni el señor Bill (Gates), ni siquiera aquellos culpables de males mayores-. Pero todos merecemos el fin de la influencia maligna de Jobs en la informática personal“.
Son las dos caras de un genio.

Enlace articulo original: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/07/navegante/1317997477.html

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